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Capitulo 7: Slaanesh, El Príncipe Negro

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Introducción

Slaanesh, el Príncipe Negro del Caos, es el más joven de los cuatro Dioses del Caos. Conocido bajo una infinidad de nombres, como Shornaal o Lanshor, el Señor del Placer es el señor de los excesos, gobernando sobre todas las cosas bellas y atractivas. Como maestro de la lujuria y del poder creativo, su esfera de influencia incluyen la música, el arte y la pasión, pero también el sadismo, la perversión y la crueldad.

Inspiración y deseo; Slaanesh es la gran musa, el cumplidor de sueños. Es la pasión personificada. Es la encarnación del placer, desde la satisfacción intelectual que se obtiene al resolver un problema hasta la realización de los deseos más depravados. Es la representación de la complacencia en todas sus formas, y se puede encontrar allí donde la disciplina se vuelve tentación y la virtud, vicio. Suyo es el dominio de la frustración y la agonía, la lucha por alcanzar lo que tanto codician los mortales. Es excitación. Es sufrimiento. Es la suma de todas las experiencias mortales. Los encantos de Slaanesh resultan altamente atractivos y aquellos que siguen sus pasos, al poco tiempo, se ven seducidos por los vicios del orgullo, la arrogancia y los excesos.

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El Señor de los Placeres y los Excesos

El Príncipe Negro es el dios del caos más joven. Como todos los dioses del caos, Slaanesh no es más que el cúmulo de sensaciones de las razas inteligentes con una voluntad que le da coherencia. Este dios es el dios de los sentidos desordenados. Puede parecer débil pero su poder es inmenso y a pesar de su apariencia indolente y libidinosa, la realidad de este dios y sus seguidores es más compleja de lo que a simple vista puede parecer.

Los sentidos de las razas inteligentes pueden ser alterados y llevados al desenfreno. Llegan a tal punto de egoísmo que son destructivos para el resto del mundo. Estas pasiones incontroladas tan solo pueden ser contabilizadas por los demonios más grandes y poderosos llamados precisamente Guardianes de los Secretos.

Se dice que fueron los elfos quienes forzaron el advenimiento del Príncipe Negro. De todas las razas inteligentes fueron los elfos quienes llegaron más allá de la experimentación sensorial. El primer culto formal de este dios lo dirigió Morathi, la reina madre de los elfos oscuros. Sin embargo, Slaanesh ya hizo aparición desde la primera incursión del Caos y desde entonces su culto no ha dejado de crecer.

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A menudo se le ha confundido con los excesos carnales y sus demonios más comunes suelen aparecerse con formas voluptuosas y concupiscentes. En realidad, ese es solo un aspecto de este dios siniestro, pues aún hay muchos más sentidos que los meramente sexuales. Todos ellos pueden llevarse al extremo y precisamente es así como el dios Joven atrapa a sus adeptos. Pero no el objetivo final de todos los dioses del caos no es tener muchos seguidores que indefectiblemente ofrecerán su alma a los caprichos de la deidad. El objetivo fundamental de los dioses del caos es cosechar almas y la mejor manera de hacerlo es sacrificar víctimas a los dioses: por este motivo la guerra y el asesinato es la actividad más común de todos los perdidos y condenados. A fin de cuentas ¿Quién no mataría por satisfacer sus deseos?

Slaanesh es el Tentador, el dios que no ofrece su poder a los desesperados y enajenados por la ira o la sed de conocimientos. Slaanesh ofrece la tentación de satisfacer aún más allá de la necesidad, despierta un afán que nunca se sacia. Quien sirve a Slaanesh nunca podrá alcanzar las promesas de su dios sino que será esclavo de su promesa durante toda su vida y toda la eternidad.

Todo lo sensible es corruptible. La belleza, lo agradable al tacto, al oído, al paladar es adictivo para muchas razas inteligentes, pero también lo es la curiosidad. No importa la motivación sino la tendencia a la sensualidad la grieta por donde penetra la promesa de Slaanesh. Esa promesa es un susurro revelador que por un instante demuestra otra realidad aún más intensa a quien la escucha y por ello, ya nunca será suficientemente bueno el vino, ni agradable la música, el sexo será insatisfactorio, los colores serán pobres y los olores débiles. Nada puede ser del todo bello, nada lo suficientemente rico y bien elaborado; el sabor se torna insípido y el conocimiento superficial.

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A partir de ese momento el devoto de Slaanesh buscará ávidamente en el mundo un recuerdo de la promesa de Slaanesh. Se esforzará al principio en encontrar algo mejor dentro de las posibilidades que le da su entorno pero se sentirá insatisfecho. Poco a poco se debilitará en sus esfuerzos y cambiará sus gustos con la esperanza de saciar su sed de sensaciones. Puede que el sujeto explore los terrenos de la poesía y el saber pero todo será insulso y banal. En este camino tarde o temprano encontrará obstáculos y oposición dentro de su sociedad y la locura se mostrará ante todos siendo capaz de robar, mentir, violar y matar para conseguir un instante de sosiego. Tan solo la entrega a Slaanesh podrá apaciguar su anhelo un instante, lo suficiente como para que a continuación sienta aún más deseo de complacer a su dios. En nombre de Slaanesh sacrificará a víctimas propiciatorias y se unirá al resto de cultistas que pueda encontrar por mero interés egoísta de robar el secreto que poseen los iniciados más favorecidos.

Slaanesh es seductor como sólo puede serlo un dios inmortal, cautivador en su inocencia, y completamente engañoso a pesar de sus encantadoras formas. Le atraen los mortales que poseen un extraordinario encanto y belleza física. Todos los placeres sensuales del arte, la música y la camaradería fascinan a Slaanesh. Es el señor de la lujuria y la indulgencia, de las pasiones crueles y de los vicios ocultos, y de los terribles tentaciones que tan sólo un dios puede ofrecer.

A la hora de ubicar en el panteón de los dioses del Caos, muchos se obsesionan con su papel como seductor y mecenas de gratificación sexual. Pero Slaanesh es mucho más que una fuente de los placeres más sórdidos. Pues si lo fuera, no disfrutaría como lo hace del pernicioso éxito en la corrupción de los habitantes del mundo. No, Slaanesh estimula la imaginación, encarna la experiencia. Es el patrón de artistas y poetas. Propicia el placer derivado de lo estético y sirve como inspiración superior para todo lo que el crea y extrae placer de sus creaciones. Slaanesh serpentea hacia la imaginación de los mortales proporcionándoles el éxito en sus tareas, alentando artificialmente al artista para llevar su pincel al lienzo o su pluma al pergamino. Desde luego, esta sensibilidad también se extiende al plano físico. Las experiencias de la mente y la satisfacción de los deseos mentales inspiran apetitos más profundos y siniestros. Slaanesh provoca anhelos nuevos embotando los sentidos, lo que obliga a sus esclavos a buscar experiencias cada vez más novedosas y extrañas para experimentar la misma emoción que al principio. Cuando los placeres de los actos artísticos comienzan a palidecer, los sujetos recurren a los físicos para alcanzar el mismo estado de éxtasis, las mismas sensaciones que antes En cierto sentido, el camino del Despojador es un sendero resbaladizo. Cuando más se exploran los radiantes placeres que ofrece este dios, mayor es la necesidad de alcanzar nuevas y más altas cotas de pasión.

Los que sirven a la Serpiente durante mucho tiempo abandonan la noción de limitaciones que imponen las normas sociales. Lo que antaño era placentero ahora se vuelve ordinario, y sus seguidores deben recurrir a acto cada vez más extraños y depravados para satisfacer sus necesidades. Pronto, incluso la más carnal de las experiencias acaba perdiendo su atractivo, y se ven obligados a explorar las sensaciones de la dulce agonía para llegar a sentir algo. La decadencia se conviene en perversión, la perversión da paso a la abominación, hasta que lo único que queda es el deseo punzante y devorador de sentir algo, sea lo que sea.

Culto y Adoración

La adulación y la traición rodean a todos los sirvientes de Slaanesh: él recompensa con sus atributos a sus fieles más queridos, concediéndoles sus atributos y retribuyéndoles con regalos extramundanos. Cuanto más mimado sea su elegido más seguidores atraerá buscando el favor y el compartimiento de tales placeres. El elegido por su parte seguirá ansiando más placer y recelará de sus subordinados considerándolos más afortunados por su inexperiencia. Tantas son las sensaciones infructuosas de los paladines de Slaanesh a lo largo del tiempo que lo que poseen lo consideran aún menos de lo que en su día poseyeron y tratan con envidia a los neófitos disfrutando de su infortunio, lanzándolos a aventuras arriesgadas y exponiéndolos a las mayores depravaciones. Sin embargo es la promesa de una inmortalidad compartida con su magnificente señor la que los une en una red irrompible.

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Un ejército de Slaanesh es un ejército frenético que ansía matar para conseguir recompensas mundanas. Aún queriendo por un momento el sosiego de disfrutar de lo obtenido, los combatientes saben instintivamente que no será suficiente. Todo cuanto ansían lo quieren inmediatamente, bien sea a costa de látigo bien sea apropiándose de ello. Su aspecto es formidable, más allá de lo que pueda ser un ejército de Altos Elfos. Sus uniformes serán espléndidos y sus armas bruñidas y centelleantes. Sus pabellones serán de finos tejidos teñidos de preciados colores, pieles exóticas y las joyas y las gemas engalanan cada componente de su impedimenta. Los campamentos huelen a diversos y penetrantes perfumes y por todas partes se escucha música a menudo inquietante. Son incontables los esclavos y sirvientes de menor rango que corretean apresurados para satisfacer a sus superiores en todo cuanto piden. Sus comidas son ricas en especias y sabores que a un ser equilibrado podrían parecerles nauseabundas. Todo es desmesurado hasta la locura y no hay perversión carnal que no tenga cabida. El consumo de sustancias tóxicas les ayuda a sentir aún mejor cualquier estímulo y por encima de todo jamás les ha de poder incapacitar para experimentar aún más si cabe el placer o la forma de obtenerlo.

Las mentes más sutiles se ven atraídas por el placer de conocer y descubrir lo arcano y lo oculto. La magia es un camino vedado para los no aptos pero para aquellas mentes inteligentes e inquisitivas la ciencia es poca cosa comparada con el conocimiento de los poderes del caos. Los hechiceros de Slaanesh son seres sofisticados que aparentan dominar sus deseos físicos, la inconstancia y la indolencia. En realidad, los hechiceros de Slaanesh tienen su mente desordenada en el placer maníaco de saber más que los demás y conocer las vías para materializar sus aspiraciones. Slaanesh ofrece ese conocimiento a los más devotos y esforzados estudiantes como ejemplo para los incrédulos de su gran poder. Sus hechizos enturbian los sentidos de sus víctimas y los enloquecen con sensaciones de placer y dolor hasta límites extracorpóreos, siendo capaces de matar de agotamiento y convulsiones a sus enemigos.

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Slaanesh es adorado a lo largo y ancho de las tierras del Norte, bajo nombres y apariencias muy distintas. Los hombres de las tribus del Norte buscan ganarse los favores de Slaanesh, no solamente por placer, sino también para obtener beneficios personales, ya que el Príncipe Negro del Caos tiene el poder de infundir a sus seguidores una parte de su radiante gloria y así hacer que los insignificantes mortales caigan a sus pies llenos de fervor. Los verdaderos devotos de Slaanesh tiene legiones de acólitos dispuestos a morir en su nombre y elegir adoradas mujeres para plantar su semilla.

Slaanesh también es venerado en todo el Viejo Mundo, y aún mas allá, donde sus principios de satisfacción de cada capricho y vicio divierte a todos los seguidores clandestinos. Los encantos de Slaanesh son altamente adictivos, y los que lo siguen sus paso, al poco tiempo, se ven seducidos por los vicios del orgullo, la arrogancia y los excesos. En tiempos remotos, una facción de los Elfos de Ulthuan se dedicó al pervertido culto del Señor del Placer y se rumorea que eso fue lo que ocasionó el gran cisma de esa noble raza. En las sociedades secretas en el corazón de las ciudades más grandes y entre las clases altas más decadentes de la sociedad es donde los cultos herméticos a Slaanesh prosperan.

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Nadie está a salvo del Príncipe Oscuro, porque no es una fuerza elemental que se puede evitar o invocar con espadas y escudos, sino la personificación de las lujurias y los deseos ocultos y deseos que residen en el alma de todo ser. Slaanesh extiende ávidamente su poder y se alimenta vorazmente de estas debilidades mortales, mirando con gula como sus juguetes caen en desgracia, regocijadose con la devoción que le procesan sus fieles. ¿Cuántos habrán caído, sin darse cuenta, en su dulce abrazo al sucumbir a los pecados de los excesos? ¿Cuántos grandes líderes de los hombres habrán acudido al Príncipe Negro del Caos para conseguir asegurar su posición, o para obtener el apoyo y el respeto de sus semejantes?

Los Paladines de Slaanesh son líderes majestuosos y carismáticos adorados por sus seguidores y que consiguen atraer a enormes contingentes de guerreros. No es difícil caer presa del atractivo que desprenden dichos individuos: a pesar de que, a medida que se enfrasca más en sus propósitos, el paladín se va distanciando cada vez más de sus seguidores, su actitud distante y su apariencia extramundana no hacen más que promover aún más su adoración. A medida que el paladín se vuelve más dependiente, comienza a perder lo que una vez le hizo humano. Los honores de Slaanesh son extraordinarios, por lo que los Paladines de Slaanesh se enorgullecen inmensamente de los dones que el Príncipe Negro les ha concedido y se abandonan a las alabanzas con las que los simples mortales se dedican a halagarlos.

Se trata de individuos imponentes, poseedores de un encanto y un atractivo que van más allá de la mera belleza física, y que luchan con una elegancia natural y una precisión exquisitas. La mera presencia de un Paladín de Slaanesh resulta algo inspirador; ya que poseen un aura que parece encantar a todos los que le rodean, los cuales se ven impulsados a llevar a cabo actos absoluta fe y de sacrificio extremo. El dolor, el miedo, la lealtad y la humanidad pasan a ser meras preocupaciones abstractas y las tratan como un sacerdote de Morr examina un cadáver. Cuando los devoto de Slaanesh se adentran cada vez más en las profundidades de la depravación, se alejan un poco más de su humanidad con cada acto antinatural, hasta que renacen como elegantes, pero crueles tiranos totalmente centrados en sus propias ambiciones. Todas las demás criaturas quedan sometidas a la voluntad del Paladín con la única misión de adularlo o ser destruidas.

Las relucientes huestes de Slaanesh tienen una apariencia magnífica. Enormes estandartes elegantes proclaman la gloria del Señor de la horda y prometen la eterna devoción al Príncipe Negro. Cada guerrero lleva tatuado obscenas marcas y runas que hacen daño a los ojos, y sus delgadas pieles desolladas cuidadosamente cuelga a través de la armadura pulida y cortante. Los Paladines de Slaanesh deambulan y se deslizan sin prisas por el campo de batalla con una gracia lánguida y sus largas lenguas se retuercen cuando huelen el miedo en el aire. Puesto que los subordinados del Príncipe Negro se deleitan con cada vicio conocidos en el mundo de la humanidad y del más allá, quizá su exceso preferido sea encontrarse en el campo de batalla, donde los devotos puedan bañarse con la cálida sangre sus víctimas y regocijarse con los chillidos de los moribundos.

Los cosechadores más eficientes son los grandes paladines del Príncipe Negro. A ellos se les recompensa su habilidad marcial y estos a su vez se complacen en las muchas formas de matar. Un paladín de Slaanesh es un guerrero temible que no conoce el miedo ni el dolor, pues todo ello le fascina y apenas llega a colmar su búsqueda de sensaciones fuertes. Sus formas son refinadas para ejemplo y envidia de los menos agraciados. No importa tanto cuánta sangre se derrame ni de quién sino el cómo. Los guerreros de Slaanesh son marciales y disciplinados, pues en el combate ven belleza, en el sangrado pasión y en la muerte arte, incluso tratándose de su propia vida. La escasa fuerza que le pueda quedar a un siervo de Slaanesh en combate la empleará para complacer a su dios y sus sentidos de la manera más histriónica posible. Tal es la locura de los perdidos y condenados por el Tentador.

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A Slaanesh finalmente, tan solo se podrá acceder después de siglos de lucha maniática y tan solo entonces el alma del devoto alcanzará la demonicidad, convirtiéndose en un príncipe demonio en todo ligado a la voluntad de su amo y guardando su secreto.

El secreto de Slaanesh es inconfesable, pues no es el dios de la abundancia sino el de la carencia eterna, de la inconformidad. Su promesa es lo único real que puede ser concedido, la desesperación eterna es el principio y fin del más joven de los dioses del caos.

Manifestación y Símbolos

De todos los dioses Oscuros, Slaanesh es el único divinamente bello. Con un cuerpo perfecto que desafía el orden natural del universo, Slaanesh suele materializarse como un ser radiante, de tipo esbelto, extremidades largas y gran elegancia, con una belleza cautivadoramente andrógina y una voz sutilmente inquietante que se puede atrapar a un hombre como una araña a una mosca. Dicen que ningún mortal puede mirar su cara divina sin perder su alma, pues estos se quedan atónitos contemplando con adoración y anhelo las profundidades ocultas de sus brillantes ojos. Por ello, todo aquel que ve a Slaanesh se convierte en esclavo de todos sus deseos.

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Slaanesh suele representarse como un humanoide con rasgos bisexuales, con el lado izquierdo de varón y el lado derecho de mujer, aunque Slaanesh puede forma masculina, femenina o hermafrodita a voluntad, pero ante sus adoradores aparece como un hombre joven, de miembros atléticos y atractivos, repletos del vigor de la juventud.

A diferencia de los demás dioses del Caos, Slaanesh posee una belleza impía, deslumbrante y gloriosa por un lado, y completamente inquietante y antinatural por el otro. Su cabello cae en bucles semejantes al oro puro, y por él asoman dos pares de cuernos negros que nacen en su frente. Debido a su belleza y atractivos divinos, Slaanesh se le representa provisto de un encanto tangible y absolutamente irresistible que deja una consciencia mortal por toda la eternidad.

Viste una reluciente camisa de malla, ribeteada con terciopelo y joyas de indescriptible decadencia y belleza. En su mano derecha. Slaanesh empuña un cetro mágico de jade, del cual afirma que es su más preciado tesoro.

El símbolo de Slaanesh es una síntesis de los símbolos de masculinidad y feminidad. Entre sus otros símbolos se incluyen senos hermafroditas, rostros bestiales, pinzas de cangrejo y una serpiente enroscada. La mayoría de sus seguidores evitan llevar al descubierto tales símbolos, pero se visten de manera sensual y usan joyas con motivos eróticos para indicar su devoción. De hecho, los adoradores suelen vestir a la última y más audaz moda, aunque modifican sus vestiduras para enseñar más carne o acentuar las formas del cuerpo para provocar a los más recatados. En sus rituales privados, los adoradores visten rúnicas que dejan al descubierto sus senos derechos (sea cual sea su sexo).

Los colores sagrados de Slaanesh son los tonos pastel y eléctricos, en especial el azul, rosa, rojo rubí y verde esmeralda; a menudo se combinan de forma llamativa y opuesta. Entre los animales sagrados de Slaanesh se incluyen pájaros, cangrejos, serpientes y salamandras. Sus seguidores se sienten especialmente atraídos por animales que son hermosos y perfectos en muchos aspectos, pero que exhiben algún defecto terrible o mutación grotesca. El número seis es sagrado para Slaanesh, y la mayoría de sus rituales incluyen de alguna forma este número o uno de sus múltiplos. Por ejemplo, un conventículo ideal suele estar formado por seis miembros.

Respecto a sus Hermanos Oscuros….

Aunque Slaanesh es el menor de los Oscuros Dioses del Caos, es ya un jugador importante en los esquemas divinos. Su apoyo es esencial en cualquier alianza entre los Dioses del Caos. El favor de Slannesh puede decantar fácilmente el equilibrio del poder entre los dioses, proporcionando a Slaanesh una influencia desproporcionada respecto a su poder.

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Los otros dioses se ven atraídos y repelidos por Slaanesh en igual medida. Nunca se demostró más claramente que cuando el Príncipe Oscuro regaló a cada uno de sus hermanos un cáliz. Engañados por las artes de Slaanesh, Nurgle y Tzeentch aceptaron los Cálices de la Entropía y de las Mentiras, orgullosos a su pesar de considerarse digno de la atención del Príncipe Negro. Khorne, por su parte, no podía compatibilizar su rabia con la peculiar atracción que Slaanesh le producía, por lo que destruyó el Cáliz de la Guerra, rompiéndolo en mil pedazos. Pero cuando los fragmentos cayeron al suelo, Khorne sintió la necesidad de reunir todos los fragmentos. Durante muchos días y noches, Khorne reparó el Cáliz y, cuando hubo acabado, la rabia le volvió a dominar y lo rompió una vez más. Desde entonces el Dios de la Sangre ha destruido y reconstruido el Cáliz en innumerables ocasiones, incapaz tanto de aceptar el regalo de Slaanesh como de dejar los fragmentos donde está.

Aunque Khorne es el único dios que desprecia abiertamente a a Slaanesh, tanto Nurgle como Tzeentch se sienten incómodos en su presencia. Esto se debe, en parte, a que todos ellos comparten la avidez de Slaanesh por los excesos: Khorne con su rabia, Tzeentch con sus maquinaciones, y Nurgle con su amor a las pestilencias. En lo más profundo de psique de cada uno de los hermanos de Slaanesh existe la sospecha que la influencia del Príncipe Negro está cobrando fuerza día a día y que, tal vez, llegará un día en que los eclipsará a todos ellos.

-Fin del Capítulo-

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