La Biblioteca: Cap. 2: Dioses de las Naciones Élficas

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¡Buenas, soy Malekor! y os traigo la segunda parte de la serie de artículos basados en la teología en Warhammer de nuestra Biblioteca. Esta vez os traigo el panteón de las 3 naciones élficas. Espero que lo disfrutéis. ¡Saludos!

Capitulo 2: Dioses de las Naciones Élficas.

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“La sociedad élfica rinde culto a una amplia variedad de deidades, con personalidades y poderes muy dispares, que representan tanto los aspectos positivos como los negativos de la propia raza élfica. Estos dioses se encuentran agrupados en 2 áreas de influencia: Los Cadai, gobernados por Asuryan y los Cytharai, gobernados por Khaine. Dioses del cielo y del inframundo respectivamente, y ninguna de estas esferas tiene predominio sobre la otra. Este “equilibrio” es enseñado a los elfos a través del Yenlui, una filosofía que dicta que debe existir una armonía entre la naturaleza de la luz y de la oscuridad del espíritu élfico”.

 

Los Cadai:

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Los Cadai son los dioses y gobernantes de los cielos. Son abiertamente adorados y venerados por los Altos Elfos y los Elfos Silvanos, mientras que los Elfos Oscuros parecen ignorarlos. Los Altos Elfos parece que veneran principalmente a Asuryan, mientras que los Elfos Silvanos los dioses más venerados son Kurnous e Isha. En Bretonia, los humanos de la región adoran a Ladrielle, la señora de las brumas, aunque allí es conocida como la Dama del Lago, y se desconoce su procedencia élfica.

 

Asuryan: el Emperador de los Cielos, es el dios más antiguo y más grande de los dioses élficos. Es el Creador, La Llama Eterna y el que da la vida. Los Altos Elfos creen que siguen sus objetivos y planes en esta vida mortal y más allá. Sea cierto o no es imposible saberlo ya que Asuryan solo habla con el resto de dioses y casi nunca con los Elfos. Asuryan habita en una gran pirámide en lo alto de los cielos y observa el mundo desde su trono de diamante. Los Elfos suele representarle como imagen un Elfo muy sabio sentado en un elaborado trono. Lleva siempre una capa de plumas blancas (parecida a la que llevan los Guardianes del Fénix más poderosos) y un cetro que demuestra su maestría. Como ningún mortal ha visto su semblante, todas las estatuas que le representan llevan una máscara. Dividida en dos partes, una blanca y la otra negra, esta máscara simboliza el papel de Asuryan como Guardián del Equilibrio. Asuryan también aparece a veces como una enorme águila o como un Fénix. Asuryan es el juez que dirime las disputas entre dioses y no suele involucrarse en los asuntos de los Elfos, de hecho, pocos asuntos mortales son Io suficientemente importantes como para atraer su atención. Sin embargo, la leyenda explica que es Asuryan quien toca la mente de cada nuevo Rey Fénix de Ulthuan cuando pasa a través de la Llama de Asuryan para juzgar su valía para la tarea que se le encomienda.

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Isha: Hija de Asuryan y Lileath, Isha es la diosa de las cosechas, de la fertilidad, de la curación y de la naturaleza. Ella enseñó a los Elfos a cultivar la tierra y obtener cosechas copiosas. Casada con Kurnous, el Cazador, es la madre de los Elfos y de todas las criaturas nobles del mundo. Isha es representada como una elfa increíblemente bella, llena de vida y con largos cabellos dorados fluyendo junto a ella. Isha es la diosa patrona de todas las Reinas Eternas, a las que otorga su bendición concediéndoles sabiduría y belleza; de hecho, gran parte del poder que se adjudica a la Reina Eterna procede de Isha y es la diosa la que bendice los claros eternos y los campos de Avelorn para que el invierno nunca empañe los dominios de la Reina Eterna. Desde el día en el que Asuryan decretó que lo elfos serían criaturas mortales, Isha ha vigilado atentamente a sus hijos, siempre buscando modos de auxiliarles. Aunque hace mucho tiempo que Asuryan prohibió el contacto directo, Isha a veces ruega a Lileath para que envíe presagios en los sueños y pesadillas, para que los Elfos no afronten los peligros del mundo carentes de toda advertencia o guía. Solo si el Creador está distraído, Isha se atreverá a intervenir personalmente, arrojando su magia por Ulthuan para acabar con los Demonios y los malvados que amenazan a su prole.

Kurnous: Kurnous es el señor de los bosques y las bestias, el espíritu de los bosques incólumes, los animales salvajes y las tierras vírgenes. Es el marido de Isha y todos los Elfos son sus hijos. Allí donde viaje, a Kurnous le sigue una manada de pernos de caza y cuando sopla su cuerno la Cacería Salvaje le sigue, con sus corazones llenos de alegría desenfrenada. Se le representa como un Elfo de más de 3 metros de alto, de aspecto fornido y salvaje, con piernas, cola y cuernos de ciervo, y con una lanza de caza y un cuerno con el que anuncia la Cacería Salvaje y llama a su jauría de perros de caza. Se cuenta que puede tomar la forma de cualquier criatura del bosque. En ocasiones, el viento lleva el eco del cuerno del Dios Cazador. Si se escucha al alba se considera un buen presagio para la caza de ese día. Si se escucha al anochecer, se considera un aviso de Kurnous de que el mal acecha y de que los cazadores deben preparar sus arcos para las presas a dos patas. Kurnous no permite la crueldad contra los animales del bosque, y solo acepta que se mate a estos si es por necesidad y jamás por diversión. Es una de las mayores deidades de los Elfos Silvanos junto con Isha, aunque también es adorado en Ulthuan, siendo el dios principal de Ellyrion y uno de los dioses más populares para los habitantes de Avelorn y por los Cazadores de Cracia. Todos los cazadores veneran a Kurnous, y nunca matan más animales de los que puedan comer para no despertar la cólera del dios de la caza

Vaul: Vaul es el armero de las huestes del cielo, El Dios de la forja y la metalurgia y el patrón de los artesanos, herreros y armeros. Está tullido y es ciego a causa de las heridas sufridas por las antiguas guerras entre los dioses, cuando desafió el poder de Khaine. A Vaul se suele representar ciego, mutilado y encadenado a su yunque debido al castigo de Khaine, Cuando no es así, tiene aspecto de un noble Alto Elfo musculoso blandiendo un enorme martillo. Vaul es muy adorado en Ulthuan. Éste tiene especial importancia entre los herreros y artesanos. Los adeptos más conocidos son los Sacerdotes de Vaul. Vaul sintió pena por el dolor que sentía Isha por sus hijos los elfos, por ello tomó las lágrimas de ésta y las llevó a su forja, dónde las convirtió en brillantes joyas. Después, gracias a la bendición de Lileath, la diosa de la magia, transformó dichas joyas de forma que Isha pudiera ver y comunicarse con sus hijos cuando las miraran.

Hoeth: Hoeth es el dios élfico de la sabiduría, el conocimiento, la erudición, el aprendizaje y patronazgo para los que buscan un conocimiento mayor. Personifica el arte de todos aquellos que buscan el conocimiento y la hechicería y es reverenciado por todas las tierras élficas. Hoeth es representado como un anciano elfo, vestido en un traje tradicional. Los Elfos creen que fue él quién concedió a su raza todo el conocimiento que ahora dan por hecho. Hay opiniones divididas sobre cuáles fueron sus intenciones al hacerlo. La mayoría de Elfos cree que las acciones de Hoeth eran altruistas, pero algunos piensan que el conocimiento lleva al progreso y el progreso conlleva inevitablemente la ruina de la tradición. Fueran cuál fueran sus motivos, según la leyenda, cuando Asuryan se enteró de las acciones de Hoeth, le reprendió e hizo que la Gran Biblioteca de Hoeth ardiera pasto de las llamas.

Lileath: Lileath es la diosa de la luna y patrona de los magos, videntes y académicos. Considerada una visión radiante de pureza es la diosa de los sueños y la fortuna, y es una diosa muy popular entre los Altos Elfos de Ulthuan y también ente los Elfos Silvanos de Athel Loren. Se suele representar a Lileath como una joven y hermosa doncella elfa vestida de puro blanco, con adornos difuminados en sus ropas, y con el Báculo de Lileath en su mano. A veces se ilustra también con dos alas angelicales. Se supone que es la diosa que reparte sueños a los Elfos; aquellos que la han complacido reciben sueños placenteros mientras que aquellos que la han apenado reciben pesadillas. Casi nunca habla de manera directa a los mortales, pues Asuryan le prohibió hace mucho tiempo tal nivel de confraternización. En vez de eso, les manda susurros a través de los sueños. Lileath es también la diosa élfica asociada a la inocencia y al perdón. Se cree que es capaz de leer en el corazón de un elfo y juzgar sus acciones no por lo que hace, sino por lo que tiene intención de hacer, y siempre está dispuesta a ofrecer la redención a aquellas almas nobles cuyo destino ha virado hacia la oscuridad. Aunque Lileath se está desvaneciendo a un ritmo más lento que el resto del panteón Élfico, sus días están igualmente contados. Se dice que está preparando su legado final a los Elfos, aunque nadie sabe a ciencia cierta en que consistirá.

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Ladrielle: Ladrielle, la señora de las brumas, es la protectora de todas las cosas que están escondidas o perdidas, y la patrona de los viajeros en los yermos, así como la hermana de la diosa Isha. Por tradición, es la única diosa que sigue caminando en el mundo mortal y existen historias de ella ayudando a aquellos que se han perdido en las brumas de Yvresse o en los océanos sin caminos. Es adorada principalmente en aquellas ciudades, como Lothern y Tor Yvresse, donde la pasión élfica de viajar no se ha desvanecido. El rostro de Ladrielle siempre está oculto por un velo, pero muchos Elfos asumen que es la diosa más hermosa. Otros, sin embargo, sospechan que, es un mero disfraz adoptado por otra deidad, una que se oculta tras el velo de seda, que no es otra sino la Dama del Lago de Bretonia. Es de los pocos dioses élficos adorados ampliamente por humanos, aunque sea desde el desconocimiento de su aunténtica naturaleza e identidad.

Torothal: Diosa de la Lluvia y los Ríos, es la tercera deidad en importancia para los Elfos Silvanos, muy poco conocida en Ulthuan (casi es más conocida entre los montaraces humanos que entre los Asur). Es quien controla el cauce de los ríos y la intensidad de las lluvias (cuando llueve mucho, es porque Torothal está enfadado). Se la suele representar como una elfa muy joven y muy bella, algunas veces con ropa simulando las escamas de los peces. Se dice incluso que puede adoptar la forma de cualquier animal de río, o incluso de una nube. Su símbolo es una nube estilizada o bien una ola. Los Sacerdotes y Sacerdotisas de Torothal son casi en exclusiva Elfos Silvanos y no se distinguen salvo por algún emblema de su diosa colgando del cuello. También se conoce de algunos humanos que viven del río (pescadores, transportistas fluviales) que rezan a Torothal.

 

Mathlann: Mathlann es el Rey de la Tormenta y el Mar, el gobernante de las criaturas salvajes que habitan bajo las olas, y poco afectuoso por las criaturas de la “superficie seca”. Hijo de Ellinill, el dios de la destrucción, Mathlann es una deidad imprevisible, ya que otorga maldiciones igual que concede favores y no hace ninguna distinción entre las distintas razas de elfos. Solo ve una diferencia entre los que irrumpen en sus amados mares y los que prefieren permanecer unidos a tierra seca. Los Elfos lo representan como un Dios enfadado, en cuya cabeza reposa una corona formada por una enorme concha trabajada, que tiene una enorme cota de mallas a semejanza de las escamas de los peces, y que tiene un tridente en su mano derecha. Los seguidores de Mathlann llevan ropas azules y verdosas haciendo sombras, con algunos adornos en dorado; y llevan algún adorno con el símbolo de su dios (un Tridente o una concha trabajada como corona). Muchos eruditos sospechan que el culto a Manann es en realidad una adaptación del culto a Mathlann que hicieron los humanos habitantes del Viejo Mundo. A esta teoría ayuda el parecido de ambos nombres. Es seguido especialmente por los Elfos de Cothique y Lothern que dedican su vida a navegar y viajar por los mares. Lo consideran un patriarca más dispuesto que Kurnous o Asuryan. Todos sus templos están en la costa, desde los templos de Ulthuan hasta el templo del cuartel élfico de Marienburgo pasando por algunas Arcas Negras de los Druchii; aunque el mayor de los templos de Mathlann se encuentra en la mismísima Lothern. Los Corsarios de Arca Negra también veneran a Mathlann. En parte es por sentido común ya que todo elfo que pasa su vida sobre las olas tiene que estar a buenas con él. Los Corsarios sienten un parentesco con Mathlann que trasciende la mera adoración, porque ellos son una fuerza de destrucción que ataca por sorpresa con el mar en calma, llevando la ruina a las flotas, puertos y costas. En los tiempos anteriores a la Secesión, se le hacían ofrendas de flores, lámparas flotantes e incienso para tratar de aplacar su ira. De este modo, los Altos Elfos de Lothern siguen rindiendo homenaje a Mathlann, el dios de las tormentas. Sin embargo, el culto por parte de los Elfos Oscuros no es tan pacífico. Desde altos acantilados hasta las cubiertas de los barcos, los Druchii sacrifican a criaturas vivas para encontrar un paso seguro para sus arcas negras o para desatar una tempestad sobre sus enemigos. A menudo, los corsarios encadenan a alguno de sus esclavos capturados a las proas para apaciguar a Mathlann.

 

 

 

 

Los Cyrathai:

Los Cytharai son los dioses del Mirai, el Inframundo Élfico. A estos dioses no se les rinden culto abiertamente en Ulthuan sino que existen pequeños templos y santuarios en la isla que normalmente están cerrados excepto en ceremonias esenciales de apaciguamiento. Lo mismo podría decirse de los Elfos Silvanos aunque todavía no hay mucha información al respecto. En cambio, los Elfos Oscuros adoran abiertamente a estas deidades y siendo el culto a Khaine la religión más importante y poderosa de Naggaroth.

Khaine: Khaine de la mano ensangrentada, cuyo nombre completo es Khaela Mensha Khaine en lenguaje Élfico, es el dios élfico de la guerra, el odio y la destrucción (y para los Elfos Oscuros, además, de la sangre y el asesinato, o sea, todo lo que necesitan). Él es el instigador de la guerra, la personificación despiadada de un credo funesto. Khaine ha sido adorado por los Elfos desde hace siglos. Para los Elfos que no siguieron el oscuro camino de los Druchii, es un Dios muy importante, un Dios que les exalta a guerrear, pero un Dios que debe ser controlado. Es el dios destructor que para los Elfos representa el hecho de que para que la vida cobre algún sentido, también debe existir la muerte; que el conflicto es necesario para que reine la paz; para que exista la felicidad, también debe existir el sufrimiento; y el amor no es nada si no se templa con el odio y el asesinato. Sin Khaine y sus artes despiadadas, la vida no tendría sentido ya que ningún ser vivo aprecia el valor de la vida sin la posibilidad de que sea hecha mil pedazos. Es un dios que permite a sus fieles hacer lo que quieran sin prohibirles nada, salvo que nieguen su designio divino. Hay que tener en cuenta que pese a que muchas veces se considera a Khaine como un Dios malvado (por su estrecha relación con los Elfos Oscuros) no lo es. Para los propios Altos Elfos simplemente representa su naturaleza más agresiva. Es por ello que no hay sacerdotes de Khaine entre las filas de los Asur ni de sus primos Elfos Silvanos, sino tan sólo en la tierra de los Druchii. A Khaine se le suele representar como un elfo enorme y con cara de furia, enfundado en una armadura de bronce salpicada con sangre; el pelo largo y oscuro a veces también está enfangado de sangre, y en cada mano lleva una enorme espada aserrada de donde continuamente gotea sangre, aunque en ocasiones se le representa como un gigantesco ser casi demoníaco con cuatro brazos y fuertes colmillos, sobre un mar de escorpiones.

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Ereth Khial: Ereth Khial es la diosa suprema del Inframundo y es grandiosa en poder, sólo superada por Asuryan. En los días anteriores al alzamiento de la Reina Eterna, Ereth Khial intentó seducir a Asuryan y cuando él la rechazó y la desterró por esa temeridad, huyó furiosa y robó las almas de los Elfos y las aprisionó en un pozo negro, conocido como Mirai. Se cuenta que si Ereth Khial se enfurece de nuevo, alzará a los muertos, que superarán en número a los vivos. Desde entonces ha sido una paria a ojos de los Elfos de Ulthuan. Por el contrario, es una deidad muy venerada en Naggaroth, pues los Elfos Oscuros ven su propia traición reflejada en el sino de la diosa. La Reina Pálida nunca ha perdonado el desliz de Asuryan. Y como él está más allá de su alcance y los Elfos no, son ellos los que sufren la ira de Ereth Khial. Al ser la diosa suprema del Inframundo, es una criatura ansiosa de almas. Antes de la aparición de Slaanesh, era ella quien reclamaba las almas de los Elfos muertos, pues tenía la intención de forjar un ejército de muertos para deponer a Asuryan de su trono. Ahora, tiene que competir con el Príncipe Oscuro del Caos, para quien las almas de los Elfos es un suculento plato. Si un Monolito élfico es destruido, Ereth Khial envía una especie de gigante espectral para que se apodere de las almas que pueda, y las arrastra a morar en el tormento eterno de Mirai. a veces tiene que contentarse con ese tipo de restos que pueda robar de la mesa del Príncipe Oscuro, u apoderarse de las almas que han escapado de su alcance. El robo del alma debe ser rápido, porque para Slaanesh ni siquiera la Reina Pálida tiene derecho a tomar las sobras más humildes de su mesa. Las acciones de Ereth Khial la han apartado de la corte de Asuryan, pero muchas de las deidades oscuras de los Elfos la reconocen como su amante. Aun así, se la venera en Ulthuan. La mayoría de gente no implora bendiciones de Ereth Khial, sino la esperanza de evitar su atención, y por eso llevan ramas de raíz de bruja o de madera negra para evitar su mirada vengativa. Algunos elfos, sin embargo, creen que es mejor para sus espíritus soportar una eternidad de tormento, en lugar de hallar el olvido a través del ansia de Slaanesh, y así cortejan en secreto el favor voluble de la Reina Pálida. Estas celebraciones deben mantenerse en secreto forzosamente, porque la adoración de Ereth Khial se considera señal de una mente enferma o mal adaptada. Los que están marcados por el tacto de la Reina Pálida inevitablemente son exiliados o encarcelados si sus terribles secretos quedan al descubierto, pero sus sacerdotes y celebrantes nunca han sido erradicados del todo de las costas de Ulthuan. Sólo la Reina Pálida ofrece a los Elfos Oscuros la salvación del hambre de Slaanesh, porque forja sus ejércitos con las almas robadas de los Elfos muertos. Eso no significa que todos los Elfos que han perecido estén al servicio de Ereth Khial, ya que almas innúmeras permanecen vinculadas a los monolitos fronterizos y árboles, y un número aún mayor ya ha sido consumido por Slaanesh. Pero año tras año, el ejército de la Reina Pálida crece. Un día, sus legiones sombrías destrozarán la presuntuosa creación de Asuryan en pago por sus insultos pasados. Aunque a la mayoría de Elfos Oscuros no les importa lo más mínimo el destino de sus almas, algunos adoran a la Reina Pálida con fervor, a fin de asegurar que les socorrerá cuando la muerte les reclama. Creen que es mucho mejor estar ligado en humilde servicio al Inframundo que caer en el olvido de mano de Slaanesh. Pero son ideales equivocados por completo aunque, y probablemente esto no sea mucho consuelo, la mayoría nunca se percatará del error: como ya se ha dicho el Príncipe Oscuro no tolera que Ereth Khial le hurte las almas de los Elfos que, en su opinión, le pertenecen. Sin embargo corre el rumor en Naggaroth de que hay un alma con la que Ereth Khial desea hacerse más que ninguna otra. La Reina Pálida ve en Malekith a un Consorte cuya crueldad es equiparable a la propia, y ha jurado que él será quien lidere algún día su rencoroso asalto final sobre la creación. Los sirvientes más temidos de Ereth Khial son los Rephalim (espectros invisibles), criaturas que conducen las almas al inframundo y las mantienen prisioneras allí. Los seguidores Elfos Oscuros de Ereth Khial se esconden en la sociedad de Ulthuan. Realizan viles ceremonias, suplicando a la diosa que envíe a los Rephalim para llevarse a importantes consejeros, líderes militares y magos. Invocan a los avatares de Ereth Khial con ritos oscuros y los colocan sobre sus enemigos con talismanes únicos para cada víctima (efigies hechas usando pelos o sangre de su objetivo) En Athel Loren, los espíritus oscuros acatan sus ordenes y escapan del Bosque Salvaje para atacar a los Arbóreos pues al parecer ella atesora sus almas indómitas por encima de todo.

Morai-Heg: Morai-Heg es una criatura ancestral y marchita, es la Diosa Élfica de los Infiernos y la que cuida de las almas de los Elfos. Guardiana de las Almas y la Tejedora de la Profecía, se cree que conoce todos los secretos mortales. Ella, y sólo ella, conoce el futuro e interpreta los patrones del tiempo, y puede leer las líneas del tiempo en piedras inscritas con runas. Es ella la encargada de colocar las estrellas en el firmamento, por lo que puede leerse el futuro en el cielo nocturno. Morai-Heg tiene el destino en su arrugada mano. Los Altos Elfos creen que conoce el destino de todos y que es capaz de presagiar cada muerte, por insignificante que sea. Es ella la que decide cuándo es el momento de vivir y cuándo es el momento de morir. Es ella la que envía a las Espectros Aullantes, sus sirvientas, a través del vacío, y se dice que su lamento es un presagio de muerte. También se dice que el Elfo que resista el penetrante lamento de un Espectro Aullante se convertirá en inmortal. Morai-Heg es engañosa y cambiante, que normalmente se mantiene al margen de las peleas de otros dioses. La suya no es la frialdad distante de Asuryan, sino una neutralidad intrigante que aprovecha cualquier discordia celestial en su propio beneficio. Por lo tanto, no hay un dios de los Elfos que no le deba a Morai-Heg agradecimiento y venganza por igual. A diferencia de los demás dioses, su imagen suele ser una Elfa vestida en ropas cochambrosas y sucias; quizá por ello es la deidad élfica que menos siguen los habitantes de Ulthuan. Fuera de Ulthuan apenas se oye hablar de esta Diosa, aunque por ejemplo los seguidores de Morr, el dios del Imperio, se muestran respetuosos acerca de Morai-Heg. El principal emblema de la Diosa de las Almas es un bastón nudoso y una vieja bolsa, y son los únicos adornos que llevan los escasos seguidores que tiene (todos vestidos con ropas oscuras), y muchas veces la bolsa representa las almas que Morai-Heg tiene en su poder. Aunque no son enemigos, aquellos que rezan a Morai-Heg sienten una ligera antipatía hacia Lileath (es un sentimiento mutuo); sí que sienten un profundo odio hacia Khaine, hasta el punto de querer destrozar sus seguidores allá donde los encuentren. Al parecer, los cuervos son los mensajeros de Morai-Heg. Surcan los cielos de Ulthuan y las tierras bárbaras de las razas jóvenes llevando retazos de la sabiduría de la diosa bruja a todos aquellos que tienen la inteligencia para interpretar las señales. Los regimientos de Arqueros de Ulthuan escuchan cada canción de los cuervos y lloran la muerte de cada miembro del coro. Algunos nobles afirman que estas acciones son los obsesiones de mentes sencillas, pero los arqueros no piensan lo mismo y creen que no se deben burlar de Morai-Heg. Ella sabe si las flechas encontrarán su destino o no, y este conocimiento le garantiza un poder que no debería ofenderse.

Loec: Loec, es el Dios Élfico de la risa. Es el embaucador, el patrón de las danzas, las canciones y el teatro, Sin embargo Loec también tiene un lado más oscuro, pues también es el dios de las sombras, los engaños maliciosos y la venganza. Las leyendas élficas narran que extrae las almas élficas de las manos de los dioses del Caos, especialmente de Slaanesh, usando trucos graciosos, arrebatándoles con engaños sus presas. Pero aunque esto es cierto ningún rescate está garantizado, e incluso los éxitos cuestan al Danzarín de las Sombras más esfuerzo del que le gustaría admitir. Loec baila a través del Vacío, y cuya risa conmueve las almas y los espíritus que allí habitan. Sin él, se dice, los cielos se volverían apagados y fríos, y las estrellas de la noche no tendrían un motivo para permanecer despiertas. Los Dioses del Caos le persiguen mientras danza, pero el Danzarín de las Sombras es incansable y astuto y no puede ser capturado nunca. Loec es representado como un elfo grácil, con su rostro escondido bajo una sombra perpetua. Baila alrededor de las sombras, preparado para salir y jugar a uno de sus trucos, ya sea con mortales o dioses, ya sean buenos o malos. Aunque lucha por las almas de los elfos, es difícil decir que sea un dios bueno o incluso neutral.

Ellinill: es uno de los rostros del señor de la destrucción, que tiene más de un centenar de apariencias, con las que siembra el terror y la destrucción por el mundo. Cada una tiene un nombre y apariencia distinta. Debido a esto el dios es retratado de muchas maneras, dependiendo de a que faceta destructora representa en ese momento. Dice la leyenda que Ellinill tuvo más de cien vástagos, y cada uno de ellos heredó un aspecto de su naturaleza destructiva. Juntos, padre y prole causaron toda suerte de males al mundo, y se regodearon del daño que habían causado a los Elfos. Ellinill estaba orgulloso de sus hijos, pero era un paranoico y le preocupaba que conspirasen para suplantarle. Uno por uno, su descendencia no era rival para su progenitor, pero el Señor de la Destrucción temía su poder combinado, así que los vigilaba de cerca. Al fin, Isha no pudo soportar más el sufrimiento de los Elfos. Y rogó a los demás dioses que pusieran fin a los actos de Ellinill. Todos, salvo uno, rehusaron ayudarla porque temían suscitar la ira de Ellinill. Sólo Loec el Embustero respondió a la súplica de Isha, y no tardó en engañar a Ellinill para que creyese que había llegado el momento de la traición que tanto tiempo temió. Al oír las palabras de Loec, el Señor de la Destrucción montó en cólera y buscó y devoró a todos sus hijos, uno a uno, reclamando los aspectos de la destrucción que encarnaban. Mas los combates le debilitaron y Ellinill nunca recuperaría su poder divino de antaño.

Nethu: Nethu es hijo de Ereth Khial y el portero de Mirai, el Inframundo. Porta un arpa de plata que utiliza para tentar a las almas de los Elfos y una pesada llave de hierro para las puertas de Mirai. Su tarea consiste en asegurarse de que las almas que son reclamadas por la Reina Pálida permanezcan selladas hasta el Rhana Dhandra, la última batalla de los dioses. También es deber de Nethu impedir que ningún intruso llegue a Mirai para robar los secretos de los muertos, no al menos sin ofrecer un homenaje adecuado a la Reina Pálida. Los ritos de Nethu permiten conversar con los espíritus de los muertos y existen leyendas de Elfos temerarios que engañaron a Nethu para obtener acceso al Inframundo y aprender secretos de los caídos. Para ello, el Guardián de la última puerta cuenta con la ayuda de un grupo de Pegasos Oscuros que vigilan las almenas de su fortaleza y son fácilmente confundidos con estatuas por los incautos. Si son provocados, nadie está a salvo porque sus fauces oscuras consumen tanto el alma como la carne mortal.

Anath Raema: Anath Raema es la hermana de Khaine y es la diosa de la cacería salvaje. Es gracias a Anath Raema que los Elfos Oscuros se regocijan con la persecución y el placer de matar. A Anath Raema no le importa quién o qué es cazado, cada criatura viviente es vista como una presa a ojos de esta diosa sedienta de sangre. La Cazadora Salvaje es una deidad vengativa que ciñe su cintura con un cinturón de cabezas y manos de cazadores a los que les concedió su don pero no le rindieron pleitesía a cambio. La leyenda cuenta que Kurnous rechazó sus insinuaciones amorosas, y por ello algunos Elfos la adoran como la patrona de los amantes celosos; una deidad vengativa que cazará y dará muerte a aquellos que han errado en sus suplicas u ofendan a sus pretendientes. Entre los Elfos Silvanos, Anath Raema es reflejo oscuro de Kurnous. Mientras los discípulos de Kurnous veneran los bosques salvajes, los de Anath Raema solo ven en ellos tierras fecundas donde el mayor depredador puede saciar su furia en la sangre del más débil. Pocas veces se tolera tal comportamiento en Athel Loren, pues se sabe que altera el equilibrio del Tapiz, pero se rumorea que muchos guerreros amargados de Los Pinares han traicionado a Kurnous en favor de una patrona más vengativa…

Hekarti: Hekarti es la diosa de las conjuraciones y de la Magia Oscura. Los hechiceros Elfos Oscuros obtienen una gran cantidad de poder de ella. No posee templos, salvo una pequeña capilla en el Convento Oscuro en Ghrond, pues se dice que Hekarti está en todas partes. Posee múltiples cabezas como una hidra para poder ver todos los Vientos de la Magia y tiene seis brazos para portar sus objetos sagrados; un báculo con cabeza de serpiente, un corazón palpitante, un escorpión, una flecha rota, una daga serrada y un vial de lágrimas de huérfanos. A diferencia de muchos de sus semejantes, Hekarti presta mucha atención a los deseos de los Elfos. Está enzarzada en una competición movida por los celos con su hermana gemela Atharti, la Diosa del Placer, y le ofende su influencia sobre los mortales. Se dice que esa rivalidad hizo que Hekarti otorgarse conocimiento mágico a Morathi. Pese a ello, la Hechicera Bruja se cuida de mantener un equilibrio en su devoción por ambas. En las leyendas Naggarothi abundan los ejemplos de que sucede cuando se favorece demasiado a una sobre la otra. Con el favor de Hekarti es posible recibir los vientos de la magia y desatar su poder. Tal es la naturaleza de los Elfos Oscuros que realizan sus hechizos de forma más destructiva que las razas menores. Hekarti nunca ofrece su don de forma gratuita, siempre hay un precio a pagar en sangre, del hechicero o de cualquier otro. A Hekarti no le importa.

Atharti: Atharti es la diosa del placer y la seducción, y se la suele representar con una máscara y serpientes color rojo sangre enroscadas en su cuerpo. Profesa una gran rivalidad con su hermana Hekarti, y ambas han intentado matarse en reiteradas ocasiones. La Dama del Deseo es experta en todas las formas de seducción y basta que los mortales la contemplen para desmoronarse humillados. Por esta razón, los Naggarothi que se infiltran en la sociedad de los Altos Elfos consideran a Atharti una de sus diosas más importantes, ya que solo ella puede abrir las mentes de los que desean corromper.

 

-“Fin del Capítulo 2”-

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