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Capitulo 5: Khorne, el Dios del Asesinato

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Introducción:

Khorne, el Dios de la Sangre, es el más poderoso, violento y destructivo de los cuatro poderes malignos, la encarnación de la ira cuyos aullidos de rabia insaciable retumban a través del tiempo y del espacio en el multiverso. Conocido como Kharnath, Khorghar, Akhar y una miríada de otros nombres, el Dios de la Sangre es adorado por casi todas las tribus del norte. Khorne es un dios furioso y lleno de cólera, poseedor de una fuerza bestial y de una habilidad despiadada para el combate que recompensa el valor, las fuerzas de las armas y la conquista.

Khorne es el dios de los guerreros, y su atención se centra en las batallas. Concede sus favores a aquellos que luchan por sus deseos, a los grandes guerreros, y a los poderosos líderes guerreros. Khorne respeta la fuerza, el honor y las habilidades marciales.

El Dios de la Sangre

Khorne representa la agresividad desenfrenada, el frenesí irracional y el derramamiento de sangre en el campo de batalla. Su ansia de sangre es imposible de satisfacer, y espolea continuamente a sus seguidores para que tomen las armas y asesinen en su nombre. La furia y violencia de Khorne son una fuerza desatada que afecta a amigos y enemigos por igual. Contempla con deleite las escenas de barbarie y masacre, se dice que sopla sus cuernos por todos los Desiertos, llevando a la locura a todos los que los oyen. De todos los dioses del Caos, Khorne es el mayor instigador de guerras y destrucción, y azuza constantemente a sus seguidores para que asedien las ciudades, pueblos y aldeas del Viejo Mundo.

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Khorne no busca otra cosa que incendiar y devastar el mundo, substituir sus océanos por mares de sangre, y hacer que se apilen montones de cráneos a gran altura en su honor. Es un dios de acción, y cree que si sus seguidores no están participando en una guerra, desde luego deberían estar preparándose para ello. Pese a su falta de estrategia y planificación a largo plazo, Khorne envía visiones a sus seguidores para enseñarles cómo construir poderosas armas de guerra, especialmente maquinaria de asedio y demás artefactos bélicos de gran tamaño.

El código guerrero de Khorne es simple: sangre y más sangre, no importa como. Los seguidores de dementes de Khorne cazan y matan incluso más allá de los límites del mundo mortal, deleitándose con la masacre ya sea bajo el caliente sol o a la luz de la luna ensangrentada. Khorne observa hambriento la carnicería que lleva su nombre, y sus rugidos de sed de sangre resuenan por el vacío que hay entre los mundos.

El Dios de la Sangre desprecia el uso de la magia, y no concede hechizos a sus adoradores, por ello no existen hechiceros de Khorne porque un paladín de Khorne es la viva imagen del guerrero que lucha contra su enemigo cara a cara, en lugar de destruir a sus adversarios a distancia mediante rayos mágicos. La senda del Rey de los Cráneos es el del combate, y no del subterfugio o de la magia. Sus seguidores han colegido de ello que Khorne se opone violentamente a la hechicería en todas sus formas, por lo que se comprometen a matar hechiceros donde y cuando sea posible. Lo cierto es que, mientras haya matanzas, Khorne está complacido. Khorne desprecia la hechicería y todo lo relacionado con la magia, aunque no le importa que se utilicen armas y armaduras mágicas para propiciar la carnicería en su nombre, sobre todo si fueron adquiridas tras asesinar a sus anteriores propietarios.

Los ejércitos que marchan a la guerra en nombre de Khorne son un espectáculo aterrador. De todos los devotos de los poderes de la oscuridad, los subordinados de Khorne son los mejores en destreza marcial y tienen una determinación de hierro. Los guerreros de élite de Khorne marchan sin descanso amenazando a todo aquel que se cruce en su camino. Sus estandartes de bronce están decorados con cabezas decapitadas y de las que gotean sangre. Mantienen un silencio sepulcral mientras marchan soñando con su próxima carnicería. A su alrededor, se nota la tensión en el ambiente, pues cuanto mas tiempo mantenga un guerrero su espada envainada, más violento será su arrebato cuando libera su ira. Cuando los ejércitos de Khorne llegan al campo de batalla y se alinean, los guerreros de Khorne transforman esta ira en rugido, y una masa de acero y nervio arremete contra las líneas enemigas como si del puño del Dios de la Sangre se tratara.

A diferencia de otros dioses del caos en los que los pensamientos más sutiles les dan forma, Khorne toma entidad a partir de sensaciones muy básicas que incluso en seres con menos interacción con el reino del caos se producen. La mayoría de seres vivos se enfrenta en un combate a vida o muerte por sobrevivir y las razas más inteligentes temen a su destrucción definitiva. La inminencia de la muerte altera los sentidos de las razas inteligentes y les hace alterar su comportamiento, algunas veces contrarias al sentido común. Khorne está al acecho detrás de todo acto temerario para expandir su jauría de apóstoles en el mundo de los mortales.

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Culto

No existe ningún templo de Khorne y las ceremonias que se llevan a cabo en su nombre son escasas, ya que al ser el Dios de la Guerra se le rinde culto en el campo de batalla. La única plegaria que se reconoce es el brutal grito de guerra que rugen todos sus seguidores: “¡Sangre para el Dios de la Sangre!”.

Entre los adoradores de Khorne se incluyen guerreros del Caos, psicópatas y berserkers. Muchos de ellos suelen verse atraídos por las promesas de derramamiento de sangre. Muchas tribus de Norsca han respondido a su llamada a la guerra eterna y han pasado sus días saqueando aldeas por las costas del Viejo Mundo. De cuando en cuando, un guerrero enfrascado en el fragor del combate oye el canto de Khorne en sus oídos y se vuelve loco, jurándole servicio eterno mientras se baña en la sangre de los caídos. Sus compañeros, horrorizados, suelen matar a estas peculiares aberraciones, pero algunos se escapan y consiguen llegar a los Desiertos del Caos para unirse a la horda de Khorne.

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Pero no sólo los hombres más violentos del norte adoran al Dios de la Sangre. En otras partes del mundo, más allá de los desiertos del Caos, hay quien adora al dios Khaine, el Señor del Asesinato, y existen muchos estudiosos interesados en temas heréticos y peligrosos que discuten sobre si el dios élfico Khaine se trata del mismo Khorne o si, por el contrario, este se trata de un poder menor aparte.

Los paladines de Khorne son luchadores de reacciones impredecibles, ya que opinan que los días en los que no se haya matado en nombre de Khorne son días desperdiciados. Además, Khorne ve con buenos ojos a aquellos que sacrifican sus amigos o aliados en su nombre, y a los que castigan a un devoto que falla en su deber como verdugo. Por esta razón, puede ser que ataquen tanto a amigos como enemigos, sobre todo cuando escasean los enemigos de verdad. Después de todo, Khorne no le importa de donde venga la sangre. Por esta razón, los más favorecidos por Khorne son temidos y odiados incluso por otros adoradores del Caos. Los paladines de Khorne son muy competitivos y, a menos que crean que su dios los ha reunido porque va a librarse una gran batalla, el encuentro entre dos paladines acaba, prácticamente de manera inevitable, con un derramamiento de sangre y la muerte de uno de ellos o incluso de ambos.

Los servidores de Khorne son seres impetuosos que asumen riesgos o que los temen en sobre medida pero que desean enfrentarse a grandes peligros. En los resquicios de la cordura se manifiesta el dios de la guerra para infundir su mensaje, un latigazo que abrasa el corazón como un carbón ardiente y que anula todo miedo a la muerte y el dolor. El neófito sentirá una gran fuerza y ligereza, su mente se centrará en el combate y a medida que sus golpes se vuelven certeros y mortales aumenta un furor incontenible. A partir de ese momento el combate nunca terminará, la mente del iniciado se vuelve febril en el que el mínimo contraste le genera una gran agresividad y los deseos irrefrenables de matar. Los seguidores de Khorne jamás volverán a beber agua sino la sangre de sus enemigos pero no podrán saciarse. A Khorne le pertenece la sangre derramada y jamás podrá nadie arrebatarle tal potestad si no se le derrota en combate. La sed solo se sacia cuando Khorne está complacido y derrama su majestad sobre sus favoritos. Esto sucede cuando hay grandes batallas. Mientras tanto, los sirvientes de Khorne buscarán cualquier forma de encontrar a más camaradas para formar grupos capaces de generar grandes matanzas. A Khorne le complace incluso la sangre de sus fieles y por eso es importante crear las condiciones más idóneas para que se garantice que las peticiones de su señor sean atendidas.

Un ejército de Khorne es una visión dolorosa. Los campamentos son aún más espartanos de los de cualquier ejército. Toda decoración sirve para causar la muerte a otro ser vivo. Son muy comunes las empalizadas de estacas y garfios. Los cráneos ensangrentados son una advertencia para los incautos, pues los guerreros de Khorne nunca duermen del todo sino que adoptan un estado de sopor fácilmente alterable. Los guerreros descansan con las armas dispuestas para el combate. Tan solo una señal de alarma y todos se afanarán en ser los primeros en cobrarse la primera víctima. Sus armas son funcionales, prefiriendo el hacha a todas las demás. Sus armaduras son sobrias y a menudo rematadas por bordes cortantes o púas con las que poder atacar en su defensa. Sus colores son el negro y el rojo, apreciando el bronce como el metal de Khorne. Los perros de guerra son muy apreciados porque son el símbolo de su relación con Khorne. Muchos campeones emplean látigos ceremoniales con sus secuaces para dirigirlos al combate y enardecerlos.

Los campeones de Khorne son los discípulos más destacados de todos y son bendecidos con grandes favores y habilidades. Su desprecio por la muerte es total y son los primeros en entrar en lucha, pretendiendo ser el centro de todas las miradas y desafiarlas a todas. Su arrojo es un ejemplo para sus compañeros menos devotos y sus palabras a menudo son demagógicas para incitar aún mas al combate. Otras veces sus invectivas son alaridos bestiales que calan en lo más profundo del corazón de sus enemigos y conmueven el ardor marcial de sus camaradas. Los paladines de Khorne son los guerreros más peligrosos del mundo de warhammer: su mente es tan solo lucha y exterminio, sus tácticas son audaces pero no suicidas. Ellos liban sus jarras hechas de cráneos a su amo y se embeben de su euforia, la recompensa por una buena matanza. Tras ellos pueden hacerlo los demás, pues toda jerarquía puede ser desafiada y es una herejía rechazar el desafío. Tan solo después de siglos de entrega y derramamiento de sangre el paladín puede ascender a compartir la victoria con su amo convirtiéndose en príncipe demonio. Muchos de los paladines morirán demostrando su valía ante el enemigo, de los supervivientes la mayoría perderá su forma y su mente siendo una amalgama de garras, zarpas y cuchillas a modo de engendro balbuceante, dado que Khorne es muy generoso con los valientes hasta puntos incompatibles con la supervivencia del paladín. Incluso así, estos paladines son venerados y respetados por todos, ocupando el puesto de honor como comandantes. Sus instrucciones serán obedecidas independientemente de la coherencia del discurso, ya que un buen comandante de un ejército de Khorne tan solo ha de ser el primero en llamar a los demás a las armas.

Manifestación:

En las escasas representaciones que existen de Khorne, la concepción tradicional es la de una inmensa criatura humanoide con la piel del color de la sangre. Su cuerpo es robusto y tremendamente musculoso, y su cabeza tiene los rasgos de un feroz y gruñente perro con labios cortados impresos sobre un rostro humano. Cuando habla, lo hace a gritos de rabia negra, incendiando el aire con chispas malditas con cada gutural sílaba.

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Khorne se sienta en un gran trono de bronce, situado sobre una montaña de cráneos ensangrentados, mientras un mar de huesos astillados se extiende hasta el infinito en todas direcciones. Según se dice, estos cráneos no sólo pertenecen la víctimas de a quienes él o sus fieles paladines han matado en combate o asesinado en su nombre, sino también a los seguidores que ha muerto en batalla. Estos cráneos son imposibles de contar, puesto que a cada minuto de cada día se producen aún más decapitaciones que se ofrecen al más violento de los dioses.

Encadenados a este trono, se encuentran sus mastines, que roen cada nueva ofrenda; en los textos oscuros está escrito que cualquiera de sus seguidores puede invocar la ayuda de Khorne para que suelte a estos cazadores inmisericordes contra un enemigo, sobre todo contra los cobardes que evitan luchar en combate abierto. Nunca hay suficientes cráneos depositados bajo el trono de Khorne pues, aunque alimentan su gloria, nunca sacian su eterna sed de sangre.

Khorne viste una armadura de placas de metal negro y bronce; con tallas intrincadas, cubierta de runas trémulas y rostros que gritan de dolor y tormento. Sobre su cabeza, se ciñe un inmenso yelmo alado que oculta parcialmente su semblante inhumano y sonriente. Prefiere las armas que derramen mayor cantidad de sangre: grandes espadas y hachas, y armas de asta con formidables hojas. En sus dedos lleva numerosos anillos de bronce, en algunos de los cuales puede verse su propia runa personal. Sobre los demás hay engarzadas las cabezas de dioses menores, o muestras menos fatales de enemigos vencidos.

El símbolo de Khorne suele representarse con una runa en forma de X atravesada por una barra de fondo (un cráneo estilizado). Los cráneos son un elemento recurrente en las armaduras y adornos de los seguidores de Khorne, y la mayoría creen que es importante llevarse las cabezas de sus enemigos para reducirlas y colgarla de sus ropas. Los huesos suelen empaparse en sangre o en pintura roja (o en ambas) para apilarlos en sus altares o fijarlos a sus indumentarias como señal de favor. Los colores de Khorne son el rojo sangre, el negro y el bronce. El número de Khorne es el ocho y sus campeones creen que, si son capaces de acabar ocho veces con ocho enemigos, alcanzarán la demonicidad.

Hay muy pocos animales asociados a Khorne, aunque a veces sus seguidores ven su presencia en temibles perros de caza y poderosos mastines, así como en los toros jóvenes y salvajes. En ocasiones los llevan a la batalla, al frente de numerosos ejércitos, aunque la mayoría son sencillamente descuartizados en su honor.

Las hachas son las armas favoritas de Khorne y a la vez símbolo de este dios. Otro símbolo suyo (que suelen llevar puestos sus seguidores) es el “collar de Khorne”: un enorme anillo lleno de clavos en ambos lados que se cierra alrededor del cuello. Se dice que estos collares protegen a los usuarios de la magia hostil, y que los propios Mastines de Khorne llevan objetos similares.

Respecto a sus Hermanos Oscuros…

Aunque Khorne considera a todos los dioses como enemigos, Khorne odia la magia y la sutileza, por lo que no tiene buenas relaciones con los seguidores de Tzeentch y Slaanesh. Como el más poderoso de todos los Dioses del Caos, su principal rival es Tzeentch, el Gran Hechicero. Tzeentch es el patrón de los hechiceros, como Khorne lo es de los guerreros. Naturalmente, esta rivalidad no impide que Khorne sea el aliado de Tzeentch cuando ello le conviene. Los dos dioses juntos siempre serán más poderosos que los otros.

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Khorne siente un odio especial hacia Slaanesh, el Señor de los Placeres, cuyos pavoneos presuntuosos representan una afrenta al sentido del honor y al orgullo marcial de Khorne. La naturaleza sensual y hedonista de Slaanesh es totalmente contraria al credo de sangre y violencia de Khorne y sus seguidores hacen todo lo posible por destruirse mutuamente cuando surge la ocasión. Aún así, Khorne pacta con el Príncipe del Caos cuando es necesario, por mucho que le repugne hacerlo.

-FIN DEL CAPÍTULO-

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